East Coast Chic

Nuevos Hoteles en The Hamptons


Los Hamptons son los balnearios más cool de Estados Unidos y es por esto que varios hoteles han abiertos sus puertas, para con un gusto exquisito, recibir a cientos de turistas que mueren por pasearse por este balneario.

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La legendaria publicación estadounidense Vanity Fair lo resumió a la perfección: “Lugares donde conseguir un bonito bronceado hay muchos en el mundo. Que además tengan playas vírgenes, gente vestida al estilo preppy y sucursales de, por ejemplo, la mejor pastelería de Milán por si se te antoja un bocadillo recién hecho, ya hay menos. Pero si, además, uno quiere estar a tan solo dos horas de Manhattan, cruzarse con Madonna montando a caballo, con Steven Spielberg eligiendo tomates en el mercado orgánico o con la actriz Sarah Jessica Parker paseando a sus perros por la playa, sólo hay uno en el planeta que lo reúne todo: The Hamptons”.

Variopinto, en este balneario conviven celebridades, jóvenes ejecutivos neoyorquinos que recién ingresan al mundo laboral y arriendan casa entre varios para pasar el fin de semana de fiesta; grupos de viejos bohemios –ya sea pintores u artistas–, quienes originariamente dieron vida a Los Hamptons en los años 20 y se quedaron atrincherados en sus enclaves de Shelter Island o Sag Harbour. Todos son bienvenidos en Los Hamptons, donde la urbanidad y buena convivencia –incluso para los más fiesteros– es una regla tácita entre los visitantes.

Originariamente poblados balleneros del siglo XVIII, cada pueblo tiene su propia personalidad. Bridgehampton es el más equino, donde la gente juega polo y monta a caballo; East Hampton tiene la calle principal con tiendas que venden las marcas más lujosas; Shelter Island y Sag Harbour son más bohemios; en Amagansett las casas están más cerca del mar; Southampton es el más internacional, y Montauk es un antiguo pueblo pesquero que se ha puesto de moda.

Justamente es en este último lugar donde han abierto sus puertas nuevos hoteles buscando satisfacer a visitantes cada vez más sofisticados, rescatando también el sello de la zona. Un vistazo a la arquitectura, diseño y propuesta de los mejor logrados.
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THE SURF LODGE:
100% playero

Tal como lo sugiere su nombre, The Surf Lodge es una oda al surf y el estilo de vida playero, bajo el slogan ‘Relax. Surf. Recharge’ (“Relájate. Surfea. Recárgate”).
Extremadamente cool, por aquí han pasado celebridades como Leonardo DiCaprio, Taylor Swift y Solange Knowles, hermana de Beyoncé, quien ha oficiado como DJ en las famosas fiestas del lugar.

Su propietaria, la empresaria Jayma Cardoso, también dueña de los populares locales neoyorquinos GoldBar y Lavo, es una especie de Rey Midas del entretenimiento. Esta brasilera reside hace años en Los Hamptons, y dice que su inspiración para diseñar de The Surf Lodge fue que: “Realmente quería que el hotel abrazara su entorno y la naturaleza, al mismo tiempo que rindiera homenaje al estilo de vida surfista, proclive a los viajes y la exploración. Los surfistas en busca de olas eran realmente bohemios, gitanos… ellos traían de regreso las experiencias y la cultura del lugar a donde viajaban. The Surf Lodge es una mezcla entre explorar diferentes culturas, pero siempre con las raíces en los Hamptons, específicamente Montauk”.

Bajo esta premisa, transformó un antiguo bar irlandés de 1967 donde solían reunirse los buzos pesqueros, en uno de los sitios más estilosos de la zona. Para ello acudió a Alexandra Cassaniti, artista y surfista, para que oficiara como directora creativa. Cassaniti escogió elementos inspirados en la cultura y estilo gitano del área, desde muros blancos desteñidos, suelos de pino y diversas notas reflejadas a lo largo de las 19 habitaciones del hotel.

Estas últimas cuentan con una cómoda terraza con vista exterior, techos con lámparas de paja, coloridas hamacas y poufs, reposeras de cuero, prístinos cubrecamas blancos y muros con fotografías relacionadas con la playa y el surf. Además, poseen cocinilla y lectura apta para surfistas, entiéndase revistas especializadas como The Surfer’s Journal y Spin.

Los baños tienen lavamanos y tocador de madera, adhoc al estilo ecológico del lugar.
Algunos elementos del lobby también hacen alusión a la naturaleza, destacando la base de un árbol que se dispuso como mesa central y se adornó con velas; así como los géneros de los cojines con bambú y dibujos de palmeras en tonos celeste y anaranjado.

No se puede dejar de mencionar el restaurante a cargo del chef australiano Chris Rendell, cuya especialidad son los pescados y mariscos frescos. Aquí el punto focal de la decoración es un alegre collage de motivos playeros que cubre toda la pared, resaltando en medio de las mesas blancas del comedor, iluminadas por grandes lámparas de acero similares a focos.

Muy distinta es la iluminación de la terraza exterior del restaurante, con enormes canastos de mimbre oficiando como lámparas que cubren todo el techo, sumado a encantadoras guirnaldas de luces que cruzan el lugar para un ambiente mágico.
Otro sector favorito entre los visitantes es el bar, con su aspecto rústico gracias a su estructura de madera lijada con toques de color, como sillas calipso y un mesón amarillo lacado. Acá antiguas tablas de surf sostenidas por las vigas del techo se roban las miradas.

Como se ve, Jayma Cardoso y su equipo no han dejado ningún detalle al azar. Por algo ella confiesa: “Mi máxima aspiración es que los visitantes se enamoren del encanto del lugar, tal como me sucedió a mí”.
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THE MONTAUK BEACH HOUSE:
Rompiendo estereotipos


Tres meses y medio. Ese fue el lapso de tiempo que Walt Lindveld, director creativo de The Montauk Beach House, tuvo para completar el proyecto en su totalidad desde que el sitio fue comprado hasta que abrió sus puertas. “Ese fue el mayor desafío”, declara convencido.

Nadie que viera The Montauk Beach House pensaría que antes fue sede de The Ronjo, un motel de temática hawaiana construido en 1959 y que pese a ser muy popular en su momento, terminó como un lugar de mala muerte. Por lo mismo, Walt señala: “Lo más difícil fue eliminar las influencias polinésicas en la arquitectura –como por ejemplo en las líneas del tejado–, pero al mismo tiempo conservar la estructura original, que para nuestra sorpresa estaba en buen estado”.

Para ello cortaron las esquinas sobresalientes de las vigas del techo en cada canto exterior, y luego vistieron las fachadas externas con una “piel” de listones verticales de madera IPE, cubriéndolas por completo, para un enfoque moderno.

También sacaron toda la vieja decoración hawaiana en el área de las dos piscinas, emplazando una gran cubierta o deck alrededor de ellas, dando la sensación de anfiteatro para ver y ser visto.

En cuanto a la decoración, Walt explica que quisieron que los visitantes tuvieran la sensación de estar en una casa. “Si te fijas, ahí jamás todas las piezas son iguales. Basándonos en esta idea, creamos cuatro habitaciones de estilos distintos, aunque armónicos entre sí. Como diseñador me inspiré –a veces de manera abstracta– en distintos elementos de la vida en los Hamptons como la playa, el campo… Es gracioso que muchas personas olviden que esta es una gran comunidad granjera, hay montones de graneros, caballos, tractores… No todo es el estilo de vida de los ricos y famosos. Hay detalles decorativos sutiles que actúan como punto de unión, por ejemplo el uso de madera de graneros, metales antiguos, iluminación industrial. Da la impresión que, de alguna manera, podrías perfectamente estar en una casa de campo cercana a la playa”, sostiene.

El hotel cuenta con una cafetería, el club privado Number 50, un poolside bar y 33 habitaciones, pertenecientes a tres categorías distintas. En primer lugar están las Moonlight Rooms, ubicadas en el segundo piso con vista a la piscina. Poseen camas de hierro fundido, cortinas de terciopelo italiano que brindan un aire vintage, y hermosas bañeras con patas de bronce.

Les siguen las piezas Whitewater Loft, con techos altísimos y balcón privado, desde donde se puede escuchar el mar a solo una cuadra de distancia. El director creativo dice que estas son sus favoritas porque: “Como tienen orientación sur, la luz de madrugada es más bonita… Soy ‘tempranero’, amo esa sensación de liviandad en las mañanas”.

Finalmente están las OceanMist a la altura de las dos piscinas, con un área privada para sentarse a tomar desayuno o una copa de vino en las tardes, con mobiliario de la firma Restoration Hardware.

Otro punto importante fue infundir humor británico en el hotel. Esto se traduce en cortinas de baño con la frase ‘Keep Calm and Carry On’ (“Mantén la calma y continúa”), o una tarjeta al lado del teléfono que dice ‘Houston, We Have a Problem’ (“Houston, tenemos un problema”) por si los huéspedes necesitan algo.
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